Las burbujas no son un detalle. El nivel de carbonatación influye en la percepción de la acidez, la frescura, la ligereza e incluso el dulzor. Mal calibrado, puede arruinar una receta perfecta.
Los niveles por tipo de bebida
Cerveza: 2,2-2,8 volúmenes de CO₂. Las lagers están más carbonatadas (2,5-2,8) que las stouts (2,0-2,3). Una IPA se sitúa en torno a 2,4-2,6.
Limonada: 3,0-3,5 volúmenes. Más espumosa que la cerveza — es lo que le da ese lado refrescante. Las limonadas "naturales" pueden bajar hasta 2,5 para un perfil más suave.
Té con gas: 2,0-2,5 volúmenes. Una carbonatación ligera que no enmascara los sabores sutiles de la infusión.
Agua con gas: 4,0-5,0 volúmenes. El nivel más elevado — es la efervescencia la que define el producto.
Gushing: la pesadilla de la lata
El gushing es cuando la bebida hace espuma de forma violenta al abrirla. Causas: sobrecarbonatación, refermentación, temperatura demasiado alta, presencia de proteínas inestables. La prevención pasa por un control estricto del CO₂ antes del cierre y una inertización correcta.
Consejo PotionLab
Calibramos la carbonatación con un medidor de CO₂ de precisión y controlamos sistemáticamente la presión en la lata 24 h después de la producción.